domingo, 4 de enero de 2015

Lo que no pude decirte




No puedes elegir cuándo y dónde vas a morir.
Sólo puedes decidir cómo vas a vivir.
(Joan Baez)

<<Aquel claro era más espacioso que el anterior, y en el centro había una casa en estado ruinoso. No debí acercarme, pero tenía mucha sed y ya no me quedaba agua. Quizá había alguien allí que pudiera ayudarme. De repente, los bandidos me atacaron. Me defendí y conseguí escapar con vida y un corte en el costado como recordatorio.>> 

Los pulmones me arden y siento las piernas entumecidas. Estoy muy cansado, pero tengo que seguir corriendo, tengo que llegar hasta Diana y decírselo.

Por fin puedo ver el pueblo. Me fuerzo a ir más deprisa y pronto dejo atrás los árboles del bosque para adentrarme en las calles. El cansancio me obliga a moverme con torpeza y tropiezo varias veces con mis propios pies; pero consigo mantener el equilibrio y no caer al suelo. La gente me mira perpleja y algunos intentan ayudarme, pero los evito y sigo avanzando; no puedo tardar más, tengo que ver a Diana. Quiero ver su sonrisa y oír su voz. Quiero estar a su lado y decirle lo que tanto me ha costado comprender: la amo. No soporto que se fuera con Iván, la necesito a mi lado. Voy a recuperarla. 



-¡Dios mío, Trevor!, ¿qué te ha pasado?

Me paro en seco. Por un momento no siento dolor, sólo los latidos acelerados de mi corazón. Miro a mi derecha y la veo. Diana. Lleva el vestido azul que le hizo mi madre antes de marcharse y le ha crecido el pelo; ahora los rizos le caen por la espalda. Veo que se acerca y dejo que me sujete, me gusta sentirla tan cerca de mí y, aunque me gustaría que me dedicara una sonrisa, que esté tan preocupada me alegra. "Le importo", pienso.

De repente siento un dolor agudo en el costado y Diana no consigue mantenerme de pie; caigo al suelo y me llevo la mano a la herida. "Mierda, ahora no". Diana se agacha a mi lado y grita para que vengan a ayudarla. En seguida llega un hombre que me levanta con facilidad y la sigue rápidamente. 

-Tráelo a mi casa, hay que curarle.- escucho que dice ella.

Me siento mareado y veo borroso. Me concentro en el pelo oscuro de Diana y en cómo lo balancea al correr… ¿Correr? Ah sí, está guiando al hombre a su casa… por mí. Reprimo una sonrisa y cierro los ojos.

***

Escucho ruidos lejanos. Abro los ojos despacio y pestañeo hasta que me acostumbro a la luz. No me duele nada, pero me siento débil, sin fuerzas. Miro alrededor y recuerdo dónde estoy. Sonrío y acarició las sábanas de la cama. 

La puerta se abre y Diana me mira sorprendida. Sonríe y se abalanza sobre mí. No me deja respirar bien, pero no me importa, le devuelvo el abrazo y hundo mi cara en su cuello. "Díselo", me ordeno a mí mismo, pero tal vez no sea el momento adecuado, se lo diré más tarde. 

-Te desmayaste antes de llegar aquí y llamamos al médico. Por suerte pudo extraer casi todo el veneno.- explica incorporándose y fijando sus ojos grises en mi. 

Las lágrimas empañan su mirada amenazando con caer y yo intento tranquilizarla acariciándole la mejilla. Tiene una piel muy suave…


-¿Qué te ha pasado?- pregunta mientras una lágrima cae hasta mi mano.
-Quería visitarte y unos bandidos me atacaron. Seguramente envenenaron sus cuchillos.- explico limpiándole la cara y apartándole un rizo para ver mejor esos bonitos ojos. 
-Venías sólo, ¿verdad?- dice frunciendo el ceño "Hasta enfadada está guapa"- Sabes que en esta zona hay bandidos, ¿por qué no has pedido que te acompañaran los guardias?
-Porque estaban ocupados y habría tardado demasiado en salir del pueblo. No podía esperar a que estuvieran disponibles- replico yo contento de estar hablando con Diana otra vez. 

Diana resopla y yo me río al verla así. 

-Tenía que venir- le digo. Ella me sonríe y pasa una mano por mi pelo, como hacía cada tarde antes de despedirnos.
-Siempre estás despeinado.- Diana sonríe y niega con la cabeza.
-Me gusta que me peines.

No da tiempo a decir nada más. Unos pasos retumban en la casa y se acercan rápido hacia la habitación.

-¡Trevor!- grita Iván al verme. Se acerca y se coloca junto a Diana. -¿Qué te ha pasado?

Me mira con los ojos muy abiertos, como si no diese crédito a lo que ve. Parece preocupado, pero me da igual, este imbécil me quitó a Diana. Durante muchos años pensé que era mi amigo, pero el día que aparecieron los dos de la mano lo vi todo claro: era un traidor. Él sabía lo que sentía por Diana, supongo. Es decir, él mismo me dijo varias veces que Diana y yo parecíamos una pareja de enamorados, así que creo que aunque yo no me diera cuenta de mis sentimientos, Iván no tenía derecho a arrebatarme a la única persona capaz de hacerme feliz.

-Hola- saludo con más amabilidad de la que me gustaría. 
-En cuanto me he enterado de que estabas aquí he venido. Vaya…, estás muy pálido, ¿cómo te encuentras?- me pregunta mientras rodea con el brazo la cintura de Diana.

Frunzo el ceño.

-Mal- digo- Necesito descansar un rato.

Ambos me miran con tristeza, pero asienten y se levantan. Iván todavía no a soltado a Diana, y cuando salen de la habitación la besa en la frente antes de cerrar la puerta. Lo miro enfadado, lo odio. Tengo que decirle a Diana que la quiero, que siempre lo he hecho, y pedirle que me perdone por no darme cuenta antes; pero si ese idiota está revoloteando a su alrededor será muy difícil. 

La puerta vuelve a abrirse y aparece un hombre de pelo cano con un maletín en la mano. 

-Me han dicho que quieres descansar, pero tengo que terminar de extraer el veneno.- explica el hombre.

Asiento con la cabeza y dejo que haga su trabajo, no quiero morir antes de declararme ante Diana. 

***

Abro los ojos. Está oscuro, seguramente sea ya de noche. Estoy cubierto de sudor y las sábanas se me han pegado al cuerpo. Siento el aire demasiado espeso y una fuerte presión en mi pecho que me impide respirar.

Consigo incorporarme y sentarme en el borde de la cama. Las náuseas me revuelven el estómago y siento un calambre en la cabeza, pero necesito tomar el aire, así que me arrastro hasta la puerta y salgo tambaleándome de la habitación. No me cuesta encontrar la entrada principal y, cuando ya estoy en la calle, me siento en los escalones del porche. Me apoyo contra el poste y dejo que el aire fresco me baje la temperatura. Debo de tener fiebre. 

Respiro mejor, aunque sigo algo mareado. Trato de concentrarme en otra cosa, tal vez así se me pase, sin embargo lo único que consigo es pensar en Diana y en cómo cada vez se aleja más de mi lado.

-Ah, eres tú. He escuchado ruidos pero no estaba segura de dónde venían.- Diana se sienta a mi lado- ¿Te encuentras mal?

Sus ojos grises parecen dos lunas y sus rizos se mecen con el aire, imitando a las nubes nocturnas.

-Me duele un poco la cabeza, pero no te preocupes.- respondo mirándola con ternura.
-Vas a curarte,- dice acercándose a mí y apoyando su cabeza en mi hombro- ya lo verás. 

Paso mi brazo sobre sus hombros y la empujo contra mí. Quiero estar así siempre, con ella y nadie más.

-Y cuando lo hagas, podrás venir a vernos a Iván y a mí más veces, aunque esta vez quiero que esperes a los guardias- añade golpeando con suavidad mi mano.

Esas palabras duelen. Para estar conmigo tendría que olvidarse de Iván, y ahora mismo eso parece imposible. "Tienes que intentarlo. Es un buen momento, estáis solos". 

-Yo…- empiezo. Diana se gira y me mira. Nuestras caras están a pocos centímetros. Siento como se mezclan nuestras respiraciones y mi corazón late más deprisa. No soy capaz de seguir hablando, si me dijera que no, estropearía el momento, y quiero seguir acurrucado con ella un rato más.
-¿Sí?- dice ella para que siga hablando.

Me muero de ganas por decírselo. Quizá se alegre y acepte dejar a Iván para estar conmigo. Me muerdo el labio mientras pienso qué hacer y miro sus ojos; brillan. "Quiero verlos cada mañana". 
No sé cuanto rato llevamos así, pero Diana tiene paciencia y espera a que me decida a hablar. 

-Yo…-empiezo de nuevo, pero vuelven las náuseas y siento que me arde la piel. Noto las pulsaciones en la cabeza y me cuesta ver con claridad. 
-¿Te encuentras peor?, ¿te acompaño a la habitación?- pregunta preocupada y sujetándome por los hombros. 

No es un buen momento para una declaración de amor. Será mejor que me vaya a la cama, ya se lo diré mañana. No creo que Iván esté en casa todo el día, así que seguro que podré estar a solas con Diana. "Sí, será lo mejor"

-No hace falta, puedo yo solo.- le digo- Vete a descansar tú también- termino intentando sonreír. Ella me coge de la mano y me sujeta mientras me levanto. Entramos juntos en la casa y se despide de mí con una mirada amable y un beso en la mejilla.

Me tumbo en la cama y me acaricio la mano pensando en Diana. Después sonrío al pensar en el beso. Mañana le diré que la quiero. 

La cabeza todavía me da vueltas. Cuando estoy con ella se me olvida y no me duele nada pero ahora, que estoy solo otra vez, lo siento más fuerte que antes. El doctor ha dicho que queda poco veneno en mi cuerpo y que debería estar bien mañana, pero no estoy seguro de que vaya así de rápido. Me duele el pecho y me siento cada vez más débil. "Duérmete, se te pasará". Cierro los ojos pensando en qué le diré a Diana y preguntándome si podré besarla.

El dolor en el pecho es cada vez más fuerte, me ahoga. "No es nada, duerme, mañana es tu día". Sí, mañana por fin podré decirle a Diana que la…

***

Trevor murió esa noche y Diana nunca supo la verdad.

La vida se nos escapa, termina de repente.

Nuestro tiempo acaba y el mundo sigue girando. No podemos darnos el lujo de pensar que somos infinitos, porque nada lo es.

Teresa


La segunda parte de este texto está aquí.
¿Te apetece leerla?

16 comentarios:

  1. :O noooo pobre Trevor!!! No hay un final alternativo??
    Me ha dado mucha pena :(

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    1. Mmm no lo siento, no pude evitarlo. A mi también me da pena T.T

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  2. Pobre Trevor...
    Me encantó el cuento, me hago seguidora de tu blog desde ya!
    Te espero por el mio.
    Un besazo <3

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    1. Hola!! Bienvenida ^^ Y me alegro de que te haya gustado pese a este final... jejeje un beso

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  3. Un cuento precioso pero los finales tristes no me gustan.

    Saludos

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    1. Gracias, y sí... sabía que habría a gente a la que no le gustaría. Yo misma me siento mal al escribir estas cosas >.<

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  4. Ya te dije en su momento lo muchisisisisisisisisimo que me encanta este relato. Pero claro está, un cuento tan bonito merece que se lo digan todas las veces del mundo, de modo que eso haré :)

    Como ya te dije, a demás de ser bonito es una gran verdad. Dan ganas de ponerse a hacer inmediatamente todas esas cosas que nos empeñamos en dejar para otro momento porque... Nunca se sabe ¿Verdad?

    ¡Muchos besos!

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    1. Muchas gracias Alba!!! ^.^ Y sí, dan ganas de tirar el ordenador por la ventana y salir a la calle a hacer todo lo que tienes pendiente. Por insignificante que parezca. Jajaja, un beso enorme Alba, nos iremos leyendo!!

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  5. qué duro... pero que verdad más grande. Por qué lo haremos todo tan difícil... será la ley de la vida o seremos gilip.... bueno ya me entiendes. Genial relato¡¡ una pasada¡¡¡ nos leemos¡¡¡ besos¡¡

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    1. Me decanto por la segunda opción jajajaja
      Me alegro de que te haya gistado ^^ Hasta pronto!!! Un besoo

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  6. AY TT-TT Yo te asusto con el relato que encontre de miedo y tu me rompes el corazon con esta preciosura :´( realmente crei que al menos ella se enteraria por una nota o algo TT-TT aunque igual me a gustado :´) como siempre: una historia impecable, bien narrada y bella
    Un beso enorme, compañera!

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    1. Lo siento, tenía que vengarme. Jajajaja, no, es broma, pero sí que me siento mal por hacerle eso a Trevor. Un beso enorme compañera, y me alegro de que te gustara!!

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  7. Jo, que cierto todo! Me ha encantado, es una pena que Trevor no se decidiera a decírselo... A Diana le habría encantado oírlo :C

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    1. Estoy de acuerdo contigo, tendría que habérselo dicho.
      Un besoo

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  8. Triste, muy triste historia de amor. Dejar las cosas para más tarde nunca fue negocio, pero hay veces que imposible no sucumbir a ello, casi siempre por cobardía.
    Te felicito por la historia,
    Saludos.

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    1. Cierto, la cobardía es lo que nos echa a atrás. Gracias por leer, hasta pronto!!

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